FEBRERO

1 de febrero

BEATA CANDELARIA DE SAN JOSÉ

OCarm: Memoria libre

 

Candelaria de San José, Susana Paz Castillo Ramírez, nació en Altagracia de Orituco,  Venezuela, el 11 de agosto de 1863. Se distinguió por su amo a los enfermos y a los pobres. Junto con otras jóvenes de su pueblo y con el apoyo de un grupo de médicos y del padre Sixto Sosa, párroco de Altagracia de Orituco, fundó un hospital para atender a todos los necesitados, comenzando con esto la fundación de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Altagracia, actualmente denominada Hermanas Carmelitas de la Madre Candelaria o Venezolanas.  Murió el 31 de enero de 1940. Fue Beatificada el 27 de abril de 2008 en Caracas (Venezuela).

Del común de Vírgenes o de Santas Religiosas, menos lo que sigue:

 
Segunda lectura

Del Decreto Perfecta caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano II, (1. 5. 6. 12)

La Iglesia sigue a su único esposo, Cristo

Ya desde el comienzo de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarlo más íntimamente, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que fueron admiti­das y aprobadas de buen grado por la autoridad de la Iglesia. Como consecuencia, por disposición divina, surgió un gran número de familias religiosas, que han contribuido mucho a que la Iglesia no sólo esté equi­pada para toda obra buena y dispuesta para el perfec­cionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo, sino para que también, adornada con los diversos dones de sus hijos, aparezca como una novia que se adorna para su esposo y por ella se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.

Todos aquellos que, en medio de tanta diversidad de dones, son llamados por Dios a la práctica de los con­sejos evangélicos, y la profesan fielmente, se consagran de una forma especial a Dios, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, por medio de su obediencia hasta la muerte de cruz, redimió y santificó a los hombres. De esta forma, movidos por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su cuerpo que es la Iglesia. Por lo tanto, cuanto más íntimamente se unen a Cristo por su entrega total, que abarca toda su vida, más fecunda se hace la vida de la Iglesia y más vivificante su apostolado.

Recuerden ante todo los miembros de cualquier institu­to que, por la profesión de los consejos evangélicos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que no sólo muertos al pecado, sino renunciando también al mundo, vivan únicamente para Dios. Pues han entregado toda su vida a su servicio, lo que constituye ciertamente una consagración peculiar, que se funda íntimamente en la consagración bautismal y la expresa en toda su plenitud.

Los que profesan los consejos evangélicos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos amó primero, y en todas las circunstancias intenten fomentar la vida escondida con Cristo en Dios, de donde mana y crece el amor del prójimo para la salvación del mundo y edificación de la Iglesia. Esta caridad vivifica y guía también la misma práctica de los consejos evangélicos.

La castidad que los religiosos profesan por el reino de los cielos debe de ser estimada como un don eximio de la gracia, pues libera el corazón del hombre de un modo peculiar para que se encienda más en el amor de Dios y en el de los hombres, y, por ello, es signo especial de los bienes celestes y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con fervor al servicio de Dios y a las obras de apostolado. De esta forma evocan ante todos los fieles cristianos el admirable desposorio establecido por Dios, que se manifestará plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como único esposo a Cristo.

 
Responsorio

R/ ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo!  * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

V/ Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni separarte  del amor de Cristo.

R/ Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

 

Oración

Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios de corazón, concédenos, por intercesión de la beata Candelaria de San José, vivir, por tu gracia, de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

 


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